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Nunca dejaré este lugar; Él permanecerá siempre en mí


Crecimos en medio de dos santos, San Cayetano a la izquierda y San Antonio a la derecha, dos colinas, dos barrios, muchas calles empinadas donde aprendimos a correr, a saltar, a patear, a robar, a montar cicla a lo que marca porque hijueputa! Nos quedábamos sin frenos en las lomas y toca pilotear, a hacer caer al otro y cagarse de la risa mientras la cucha salía ofendida a mentarnos la madre. 89389433 era el número de nuestra casa, 893 era el código de nuestra área, 8 años tenía cuando fumé el primer Marlboro con una hermosa indida 5 años mayor que yo, detrás de un árbol, en lo oscuro de la loma, a vista de dos santos; bajo su bendición.


Nunca dejaré este lugar; nunca dejaré de correr.


Nunca dejar de correr y volverse mierda loma abajo, se un gamín para nunca quebrarse un hueso; pararse y reír, tomar Sprite en tiendas que no existen, robarse un litron pa´ tomar con los parceros después de joder con el balón; caerse, correr, correr, correr; dan bala y los que corren, pero callados que nada pasó; el barrio es muy tranquilo. Proteger a nuestros santos de los invasores con pitbulls y destornilladores, habían hechizas pero al final no era necesarias; chao gorroneas, váyanse a su ciudad dos lukas, váyanse a su caney, no se orinen por acá.


Nunca dejaremos este lugar; ¿por qué nos has abandonado?


Nos robaron, también mataron a alguien que no debían; a pesar de todo, él era muy buena persona, muchos sitios dejaron de ser, son solo otra vaina ya, otro parqueadero, otro hostal, otro restaurante gourmet, otros dueños y otras razones y sus otras academias de baile barrial, muchos se fueron, muchos se van, otros no se dejan morir, arreglan carros, venden pan, la abuela sigue en la esquina con sus papas y empanadas y ese maldito chimichurri que solo ella sabe hacer, y el barrio no parece dejar de bailar. Los santos se ríen, pólvora pa´ellos todos los años, amén, aunque ya no visite sus iglesias. Aquí seguimos sin poseer nada, solo el deseo de permanecer siempre en medio de esa dos lomas, esos dos santos.


Crónica anónima que nos llegó… por debajo de la puerta


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