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El último piropero


El tipo le dice a la desconocida que amamanta a un niño en la calle, "Señora, su hijo me invitó a almorzar", y con su cara de pastel se queda velando. La mamá, consternada, no sabe cómo reaccionar. Mira al extraño, mira a su hijo que se adormece chupando, mira su otro seno guarnecido en la otra copa del brassier, vuelve a mirar al tipo que sigue esperando a que lo invite a tomar algo. La situación es incómoda, ¿Cómo decirle que no hay cuando sí hay, y con generosidad?, ¿cómo ser descortés con el primer invitado de su hijo, además tan amable? El tipo, sonriente, la sigue mirando.


El marido ve la escena de lejos: su mujer con el bebé; un tipo que se detiene frente a ellos y le dice algo a ella, se queda un momento en frente como esperando algo y luego sigue su camino; ve también que su mujer que voltea a decirle algo al tipo que se aleja. Súbitamente, el marido entiende todo.


Pasa corriendo por el lado de su mujer que le confirma, "Sí es él", y alcanza al tipo. Era él. Muchas otras mujeres lo corroboraron. «A mi hijo le dijo 'con una mamá así para qué juguetes'. Atrevido»; «A mí me decía, 'mamasita', el muy perverso». Sí, era el agresor sexual que aterrorizaba a las lindas damas del vecindario. El conocido con los alias de «El pobre gamín», «El huerfanito», «El envidioso», fue linchado a carterazos, pero fue un tacón de aguja el que cegó su vida.


James Cortés Tique.



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