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Los agentes del Orden en Cali, Historias de Policías y Bandidos


Los agentes del Orden en Cali Historias de Policías y Bandidos


Mucho preocupa la seguridad en la ciudad; desde hace años se viene insistiendo en el desarrollo de varias estrategias para enfrentar la situación que no mejora. Hemos dicho que hay que fortalecer el funcionamiento del sistema local regional de justicia, se ha insistido en pedirle cuentas a la policía ante los escándalos de corrupción y su falta de efectividad, se ha insistido en la intervención social y cultural para generar condiciones de seguridad humana desde el civismo y las recuperación de seguridad vecinal, se ha pedido a gritos que se consoliden acciones contra las redes criminales que siguen intactas en su mutación y crecimiento, enlazándose cada vez más en su movilidad regional.


La respuesta de las administraciones ha sido siempre la misma: Compra de tecnologías costosas que después no se usan de manera persistente, efectivismo presentando salidas simplistas para engañar auditorios y para gastarse la plata de todos con análisis tan simples como que hay que hacer programas de entretenimiento y vigilancia a las horas en que más se mata la gente, o saliendo a gastar más plata en publicidad de una actividad, de la que invierten en hacer los sitios públicos más seguros. Total no hay quien responda seriamente por esta situación en Cali.


Por esa razón me decidí a irme para un barrio querido de esos que están estigmatizados por ser violentos y madriguera de ladrones y asesinos, y me decidí a conversar con algún policía y con un bandido del sector. En la conversa con los vecinos encontré que el dato relevante es el mismo que la ciudadanía siente de Ciudad Jardín a Sameco: la inseguridad campea, la victimización persiste y no se observan respuestas concretas. Hay desconfianza de la policía y del vecino.


Por otro lado, lo novedoso del dialogo con policía y ladrón realmente me sorprendió por su realismo; les pregunté a ambos cómo veían la situación y si ven una alternativa al respecto que los involucre, dado que son para nuestras comunidades los malos de la película. Más o menos esto dijeron:


El Ladrón

Yo entre a la correccional del Lili a finales de los 80 por primera vez, después he tenido cinco entradas a la cárcel y me han herido tres veces. Tengo tres hijos y dos de ellos ya han estado en el Lili y en Villa; yo he trabajado en construcción, en refrigeración, en transporte choferiando; mis hijos también han tratado de salir del problema pero es que el entorno y las amistades lo joden a uno; yo ahora soy ladrón por temporadas, de ocasión porque quiero la vida y ya soy cobarde y no me expongo tanto, ahora pienso bien en qué me meto, como un viejo que soy; mis chingas si están todos los días arriesgando la vida en el pavimento.


Sinceramente yo no veo salida, lo mismo que hicieron conmigo con el programa de pandillas lo han hecho con mis hijos, las mismas guerras que yo tuve en el sector, las tienen ahora mis chingas; eso anuncian programas y vienen a jugar a la ilusión, pero de eso no se vive y la sangre, la calle, la esquina, la necesidad, el ambiente lo jala a uno, entonces yo no veo salida. Alguna vez uno ha visto la voluntad de alguien, pero eso no basta, en serio en este barrio no se ha intentado nada serio, lo que tenemos es lo que hay. La avenida es el juego mi hermano, esa es la que lo pone a ganar o a perder a uno.


El Poli

Claro no le niego que uno la piensa mucho de seguir en esto amiguito; uno trabaja largas jornadas a veces nos doblan en turnos y el trato de superiores tampoco es el mejor; también viene mucho extraterrestre que lo han sacado apenas a una ciudad y viven aburridos lejos de sus familias sin cómo acomodarse bien en la ciudad, entonces no se sienten bien en el trabajo. Claro que hay otros que viven es deslumbrados con la parranda caleña, y se quieren tragar los días y las noches, y se meten en problemas.


Es cierto que entre las filas hay mucha calavera, pero uno hace lo de uno con mente y trata de no dejar que se lo coma el stress. La paga no es buena, cualquier cosa que llegue sirve para completar y además aquí no es que estemos en las calles jugando con muñecas, no solo los bandidos, la gente es adversa muchas veces, hay mucho terco en las calles y gente agresiva, entonces tampoco es que nos toque fácil amiguito.


El Orden que Hemos Construido

Al ver las dos retahílas, la del bandido y la del poli, en el mismo barrio, es posible entender que el problema es del régimen cotidiano instaurado en la ciudad. El orden social preminente no es el de la civilidad, de los derechos humanos, de la vecindad cívica, ni de oportunidades y méritos; el orden es de exclusiones, de irrespetos, de desconocimientos, de falta de horizontes de vida, luego el comportamiento de unos y otros agentes implica una serie de imaginarios, representaciones y prácticas de la vida en la ciudad que instalan el riesgo, el malestar, la sin salida, el delito, el armamentismo, el machismo, la segregación espacial y la discriminación social y cultural.


Por esa razón se requiere una mejor comprensión de la seguridad en la ciudad y se requiere una verdadera estrategia institucional y ciudadana. No más programitas de corto vuelo que buscan propaganda a funcionarios de turno, sin liderazgo, ni arraigo en la ciudad.


Jesús Darío González Bolaños.




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