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Chocó Nuevamente


El esplendoroso río Atrato acaba de desbordarse nuevamente. Se dice que en Riosucio un niño murió ahogado y hay un adulto desparecido, además hay cerca de 450 familias damnificadas. El río Jiguamiandó se desbordó a su paso por Carmen del Darién dejando cerca de 1000 familias afectadas. Mientras tanto en el Alto Baudó 250 claman ayuda por los efectos del invierno. Esta vez aún no hay un balance final pero desde ya el IDEAM emite una alerta roja sobre el Caribe y el Pacífico colombiano.


En el balance lo que no se ven son los mecanismos de gestión del riesgo. No durante las olas invernales sino para su prevención. Es conocido que en gran medida la tala indiscriminada impide que la lluvia encuentre lugares naturales para retenerse y entonces rápidamente se colman las quebradas y los ríos. También causa sedimentación rebosando los sitios en donde naturalmente las aguas se contienen. Y ni que decir de la minería legal e ilegal destruyendo ecosistemas y mecanismos naturales de regulación del agua.


En estos finales de año, en medio de las carreras decembrinas no debemos dejar de hacer nuestros balances y hacer las preguntas, no las del momento sino las que implican proyección. En este caso debemos insistir por los mecanismos de seguimiento meteorológico en una de las zonas con más alta lluviosidad del mundo. Por el control ambiental. Por las acciones de mitigación que implican el dragado y la reforestación. En fin, la lista es larga, lo que es evidente es que no se trata de un problema de la madre naturaleza sino de una problemática generada por la intervención del hombre, por tanto hacen falta acciones públicas para remediarlas.


Carlos Castañeda


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