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Diciembre y el vínculo de fortaleza


Diciembre tiene nostalgias propias, los olores y sabores de la niñez, la música que escuchaban los viejos, los abrazos que ya no nos damos y los rostros que ya no vemos, el mes en el que se inspiran los amantes del despecho para componer letras que se repiten en todas las generaciones, las madrugadas en las que se baila la cumbia del Hijo Ausente. El beso de navidad y la bendición de las abuelas, los regalitos pequeños que significan gratitud esos que valen por la mano que los entrega, las novenas familiares…”ya no son como antes”…le he escuchado decir a mis amigos y familiares. Pero diciembre también está cargado de esperanza por un nuevo ciclo que comienza, metas y augurios, de repliques de tambores de los diablitos, del paseo familiar y el encuentro con los amigos para jugar dominó o parqués y cargado también del amor incomprensible del que los demás pueden dudar pero quienes se aman no, como el amor de las hijas a sus madres, atravesado por rechazos y dolores que solo el tiempo nos permite redimir hacia el vínculo de fortaleza, diciembre nos hace volver a mirarnos con amor y de reconocer en las manos de nuestras madres la sazón y la caricia que nos hacen sentir que diciembre tiene otro sabor.


Jennifer Rengifo Rodríguez



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