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Ciudad, Comunicación y Buen Gobierno

Llama la atención el hecho de que al revisar los balances de ciudad en Santiago de Cali provistos por algunos medios de comunicación, las cosas marchan de lo mejor; los balances de seguridad, sociales, de infraestructura, de gestión ambiental, según las fuentes de mayor circulación, indican que la ciudad ya es su futuro o está llegando a su cielo y quien se atreva a cuestionar esa sentencia fácilmente puede ser señalado por “no amar a Cali” o por tener ilegítimas intenciones. El asunto está en que en todas estas materias el cotidiano contradice semejante operativo mediático para “visibilizar lo bueno” y desestimar lo “malo”. Por esa vía se establece un barómetro entre los buenos ciudadanos, “los integrados que si quieren a Cali” y los “desadaptados” que están lejos del tren del progreso caleño. Llama la atención ver tanto ciudadano “ilustre” alimentando un ego vacío de ciudad, desestimando la posibilidad de la crítica y de los cuestionamientos a la vida pública que siempre son sanos en la vida democrática. Cada quien por supuesto tiene su posibilidad de opinar y la responsabilidad de hacerlo informado y desde la buena voluntad; en particular los agentes de los medios tiene una responsabilidad con la vida pública, relacionada con la veracidad de las informaciones y con atender al interés general de la ciudadanía; asunto que esta mediado por vínculos de derechos con las instituciones y con responsabilidades de los gobiernos; al respecto vale la pena preguntarse: ¿Cuál es el papel de los medios de comunicación para garantizar el buen gobierno de la ciudad? ¿Qué tan independientes son nuestras fuentes de información hoy? ¿Hasta dónde estas estrategias de “hablar bien de Cali” son una forma de blindar las ejecutorias ociales y plataformas privadas unilaterales frente al sentido de una ciudadanía crítica que busca ser incluida en la construcción de la vida colectiva?

Por supuesto, no se trata de dedicarse a hablar mal de una bella trama urbana, ni de reducir la crítica independiente a diatribas politiqueras. Lo que sí es clave, si se quiere contribuir al buen gobierno de la ciudad, es que se fomenten las miradas plurales y el diálogo razonable e informado; especialmente se necesita atender la voz de aquellos ciudadanos y ciudadanas que están en las márgenes y que no logran hacerse escuchar y sentir. Para que Cali avance se necesita fortalecer proyectos comunicativos que se apeguen a la veracidad de la información, que fomenten el conocimiento y la titularidad de los derechos humanos de los habitantes urbanos, que acompañen desde la investigación, la denuncia de hechos que vulneren la dignidad humana y promuevan la rendición de cuentas de los gobernantes. En n, se necesitan proyectos comunicativos que fortalezcan el Estado Social de Derecho y la ciudadanía activa en vez de reincidir en las estrategias propagandísticas y en los perfumes para gobernantes y burocracias poco ecaces y ecientes.


Jesús Darío González Bolaños


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