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La Gestión de la Ciudad y Estilos de Vida Saludables


A pesar de usted

mañana ha de ser

otro día

Yo quisiera saber

dónde se va a esconder

de esa enorme alegría.

Chico Buarque.

Ciertamente en las ciudades colombianas el gobierno como instrumento de garantía de la vida y como forma de generar seguridad y convivencia ciudadana es muy deficitario; asuntos como la movilidad, la inseguridad y el control de la violencia, los servicios de educación y salud, al acceso a oportunidades productivas y de empleo en las urbes desbordadas que tenemos dejan mucho que desear y estos factores repercuten en la mala calidad de vida en las ciudades y en un comportamiento desconfiado y a veces agresivo de los pobladores.


El asunto de las políticas institucionales y de la responsabilidad de los gobernantes, amerita veeduría, seguimiento, exigencias y propuestas que los gobernantes escuchan o no y casi siempre sucede que los gobiernos tienen poca escucha y egos demasiado grandes para asumirse como servidores de la ciudadanía y por el contrario tienen la tendencia a hacer los que se les viene en gana, pasando no solo por los anhelos e inquietudes de los pobladores urbanos, sino también por sus derechos y por sus dignidades.


Mientras eso sucede, también vale la pena preguntarse por lo que podríamos hacer los ciudadanos para mejorar la ciudad, no nos podemos quedar sufriendo los gobiernos de turno y solo culpándolos cuando ni siquiera escuchan ¿Qué podemos hacer cómo ciudadanía?


Pues podemos adoptar y promover estilos de vida saludables que fomenten la expansión de la vida en nuestros entornos; si los gobiernos no lo hacen con generosidad nosotr@s podemos generar nuevos procesos que nos integren la vida personal con la colectiva, para ello es necesario equilibrarnos frente a los valores excesivamente individualistas que reinan en las ciudades para hacernos parte de redes sociales, vecinales, cívicas, ambientales más amplias. Podemos hacer de nuestra experiencia


Hay hábitos simples como escuchar atentamente a los otros, expresarnos sin agresividad, reconocer que nuestro ser está conectado con otros, asumirnos parte de grupos con los que convivimos, reconocer las normas que los regulan para construir la vida colectiva, hacer conciencia de nuestras sensaciones corporales y de nuestras emociones para transmitirlas mejor a nuestros congéneres, fortalecer la solidaridad familiar y vecinal, ciudadana.


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