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Jóvenes a 50 Años del Mayo del 68, por un Hombre Nuevo y una Mujer Nueva.


A 50 años del Mayo del 68, cuyo espíritu se expresó en los/as jóvenes estudiantes y trabajadores/as que salieron a las calles con críticas a una sociedad en decadencia que sobreponía el tener sobre el ser, imponiendo una cultura de hombre unidimensional; jóvenes que movilizaron esperanzas, apuestas y propuestas para hacer posible lo imposible, que hasta la actualidad siguen presentes como provocaciones para las nuevas generaciones.


Fue en ese mismo contexto socio-histórico que emergió como desafío el derecho a la ciudad, problematizando las necesidades, posibilidades y potencialidades de producir colectivamente el espacio público, cuestionamiento desde las calles por medio de la movilización social, pero también desde una intelectualidad crítica orgánica en los procesos de transformación de la sociedad, expresiones que una y otra vez siguen emergiendo.


El Mayo del 68, que no fue sólo mayo, ni solamente francés, y cuyo detonante fue protagonizado por jóvenes, pero que fue mucho más allá, nos plantea entre tantas provocaciones que los/as jóvenes no son el futuro, son el presente, son claves para una renovación de la política, para ampliar y profundizar los procesos de democratización socio-cultural, política y económica.


Por eso la participación e iniciativa de los/as jóvenes en Colombia, es fundamental en el proceso de construcción de paz con justicia social, soberanía y democracia, todo lo cual es parte de lo que nos estamos jugando el próximo 27 de mayo en las elecciones presidenciales, en las que el voto joven será determinante.


Pero sobre todo, de cómo lo asumamos en el encuentro, el intercambio, forjando caminos de unidad en la diversidad para una movilización social que se tome las calles con los colores, sonidos, voces y propuestas de la Colombia profunda ignorada por las élites económicas y políticas de esta ciudad, de esta región y de este país; la cual reclama, reivindica, exige, propone, que haya trabajo no precarizado, que tengamos acceso a una vivienda digna, transporte público que responda a las necesidades de movilidad de la población, educación y salud (públicas, universales, gratuitas y de calidad), que el arte, el deporte y la recreación no sean lujo de una parte de la sociedad, que tengamos tiempo para vivir y no sólo para subsistir, que haya una verdadera apertura democrática, que quien asuma el gobierno asuma el mandato de un pueblo trabajador y diverso.


Por eso la construcción de paz implica reformas democráticas para lograr la implementación de los acuerdos realizados en la Habana, así mismo mantener los diálogos con el ELN y lograr un acuerdo, dos partes fundamentales de un mismo proceso; sin embargo, va más allá, depende de que asumamos que es un asunto de todos/as en todos los espacios y escenarios, por eso necesitamos conversarnos en la esquina, la tienda, el parque, la escuela, la universidad, el lugar de trabajo, en el transporte masivo, en pance o pichindé, etc.


Se trata de producir en el cotidiano una Colombia que apueste a la emancipación humana como horizonte, una Colombia soberana e internacionalista en la que hombres y mujeres nos reconozcamos en la diversidad, y desde ahí construyamos, forjemos y produzcamos la unidad, para seguir tercamente, organizándonos y movilizándonos, retomando ese espíritu del 68 hasta su realización y más, por un hombre nuevo y una mujer nueva, y en esto los/as jóvenes son fundamentales.



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