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Efectos Sociales del Despojo en el Oriente caleño


El domingo 19 y el lunes 20 de noviembre me fui a caminar por el Oriente, a saludar y a ver cómo va la vida del día a la noche; por momentos entré a tramos o enclaves del Jarillón del Río Cauca, pero también me di una vuelta por sectores de las Comunas 21, 13, 14, 15 y del sector de Navarro, todos ellos arropados de distintas formas por el Cauca y sus afluentes, y todos lugares incunables del devenir mestizo, negro, indio y mulato de la ciudad popular.


En la conversa, recogida de fragmentos de esquina, es fuerte la expresión reiterada de un delicado síntoma de orden social, efecto de una acción institucional marcada por la insensibilidad y las ineficiencias técnicas respecto a la gestión de la recuperación física y social del Jarillón del Rio Cauca. Salieron varios asuntos en las charlas con amigos y vecinos con los cuales se compartió, pero resalta de manera preocupante todo el cúmulo de cuestiones asociadas a la dinámica de conflicto que generan los asentamientos sobre el talud del rio.


Ya sabemos que los 17 kilómetros del límite oriental de la ciudad que conforma el paso del Río Cauca por la comarca se constituyen en un riesgo geofísico y humano complejo, ya sabemos que las miles de familias que se asentaron en esas territorios desde hace más de cuarenta años, lo hicieron en un poblamiento informal permitido y hasta auspiciado por autoridades y grupos políticos locales, ya sabemos que la reconstrucción del dique requiere una adecuado proceso de reubicación de la población asentada con garantía de derechos, ya sabemos que la concertación ha brillado por su ausencia generando un conflicto latente en el oriente caleño; lo que no alcanzamos a observar es el efecto social de la cadena de decisiones inconsultas y de acciones improvisadas para la vida de la ciudad; veamos algunas de las esquelas etnográficas recogidas que permiten visualizar el hoy, o dicho en otras palabras la coyuntura del Jarillón en el contexto del Oriente:


Y después del desalojo, ¿qué?:


Es conocido en los sectores del Jarillón que los desalojos siguen gota a gota en el curso del año, que los agentes institucionales han desestimado los desalojos colectivos y han diversificado las estrategias asistencialistas para que los habitantes firmen su salida rápido y sin suficientes garantías. Básicamente los pobladores van saliendo con la penuria de un arriendo por tres meses y después otros tres meses, a la tercera ocasión de renovación del subsidio de arriendo las familias se cansan de entutelar o de pedir o de gritar en las oficinas y en su mayoría “no vuelven por allá”; pero la idea de reubicación no resulta porque los proyectos de vivienda no se concretan.


Los relatos están ahí no más en la avenida...


“Hermano yo no aguanté más, de allá me sacaron sin nada, dijeron que fuera tres meses por el arriendo, y así no más me tiraron al andén, yo estuve fue esperando la casa de reubicación, pero se acabó lo del arriendo y uno rogando que lo atiendan los doctores… yo deje eso así; estoy aquí trabajando en la galería (López), como usted ve duermo aquí con mi mujer, mis muchachas y los perros en las dos carretas; sigo en el camello de los marranos, los tengo en Navarro, arrimado donde un socio más grande y con eso se hace algo, pero el desubique de las niñas si me duele. Pero bueno que se hace, ¡así tocó!”.


“Pues que más hacemos, tocó tirar puente con los gorilitas. Nos dieron los primeros meses de arriendo, salimos dizque voluntariamente, y ya uno va por allá y pues lo que dijeron que plata, plata, no hay; en la pieza nos echaron a la calle, aquí en el puente nos instalamos, esta es la casa que nos dio el doctor ese…”


“Claro guevón, aquí están dizque restituyendo la seguridad de Cali, pero a costa de nosotros: desalojos, demoliciones, tirándonos a la calle con engaños; vea la chimba, esto si toca es enfrentar, que más. Que sigan así y verá que cualquier día aquí no vuelven a entrar, yo siempre fui por la buena, pero ahora no; el que pase por aquí lo prendo…”


Lo que se observa es que la indigencia crece en todo el Oriente y que en las calles y avenidas, sobre parques, puentes y zonas descubiertas, deambulan familias que se sienten en la deriva y a cielo abierto; en algunos casos con personas con sentimientos de incomprensión y venganza. Solo es cuestión de circular por la avenida Ciudad de Cali, ahora ampliada, por la autopista Simón Bolívar o por la Autopista Sur, para sentir la densidad de la situación en andenes y semáforos. Quienes crean que el asunto es meramente el dique, el lindero del río o de unas cuantas miles de familias insensibles al riesgo, no alcanzan a comprender el desdoblamiento social y la magnitud de las afectaciones vitales en el conjunto urbano.


Y la reubicación ¿qué?:


Las personas que han salido de sus casas situadas en el Jarillón hablan de experiencias diversas…

“Este barrio es una bendición, tener una casita, así pequeña y todo ha sido una oportunidad; la familia se fue acomodando y hoy estamos en una nueva lucha, pero uno no deja de sentirse mal cuando va al sector y ve los vecinos de uno sin opciones y ve como se les va destruyendo la familia, se le van saliendo los muchachos de las manos y ve el desespero; uno hasta se siente mal por el privilegio que ha tenido y se pregunta por la justicia divina, por la misericordia con la gente por Dios.”


“Vea todo el lado de los reubicados han ido saliendo del barrio, mucha gente ha vendido el derecho sin legalizar, hay mucha gente que no era del Jarillón, que tenía casa y que se vino para acá y bueno ya alquilaron y están haciendo negocio; mientras tanto una va y ve en la fila del Plan Jarillón mucho vecino sufriendo y rogando pa´ que le den algo para pasar las lluvias aunque sea”.


“Yo firmé por un papel de socialización y pues ve hasta planos me mostraron, pero uno no come maqueta mijo, me salí a las buenas como se dice, pero allá lo enredan a uno, en últimas cuentas casita, así fuera esas chiquitas, pues no hay; allá quedó el derrumbe de mi rancho, no pude seguir en lo mío mijo, no tengo sitio para la labor, entonces ahora son las muchachas las que me dan la mano, pero ese negocio de ellas está muy malo con tanta muérgana venezolana, a veces ni para el café traen…”


“Nosotros nos vinimos para acá hace varios años y bueno si uno agradece que hay donde dormir; pero si no tenemos donde trabajar pues estamos jodidos; por eso es que nos tocó tomarnos esa zona verde para beneficiarnos con un trabajo; ahora nos persiguen que porque tenemos reciclaje y entonces de donde sacamos lo de la olla; entonces porque no persiguen las ollas de vicio y los negocios de gente mala y si persiguen al trabajador, dizque porque afeamos el barrio. No, ya no aguantamos tanta persecución…”


“Aquí teníamos canchas para que hacer deporte y allá, en ese otro lado, era zona verde y estos sinvergüenzas insisten en construir edificios para los reubicados del Jarillón. Vea que les den su vivienda y sus indemnizaciones, pero que no nos sometan a vivir mal, a quitarnos lo que es de la comunidad, lo que hemos hecho con tanto esfuerzo; así nos desacomodan a nosotros y traen a los del Jarillón a pasarla mal por acá; es que no piensa esa gente…”


Se pueden contar con los dedos de las manos los nuevos asentamientos de reubicación formalizados: Potrero Grande, Altos de Santa Elena, Llano Verde, Urbanización Rio Cauca y urbanización Ramali entre otros; en ellos hay experiencias en las cuales se percibe cambio en el sentido positivo, lo que sucede es que son muchos los malestares que hay en las comunidades reubicadas y sobre todo de la población que espera una reubicación sin que asome alguna esperanza, además lo que van iniciado a construir en sectores como el Pondaje, la Paz y los Lagos, está en medio de conflictos con las posibles comunidades receptoras de los reubicados. La gran demanda es por vivienda y oportunidades de trabajo, pero vivienda a la vista no se ve, en cambio opciones de trabajo tampoco…


La subsistencia ¿qué?:


Toda la tensión acumulada se siente en un ambiente que parece cortado por el filo de un cuchillo al atardecer, casi cuando cae la noche; bien hacia el rio van los remolinos que fluyen con los vientos filtrados por los cañaverales y las ceibas, pero hacia dentro de los territorios donde titilan las luces y bullen calles y avenidas, los acontecimientos son abigarrados, se agolpan en velocidades insospechadas…


“Claro mijo, eso es cuestión que nos demos una vueltica por el sector y usted encuentra más casas de vicio que policías, en ese lugar a dos cuadras del CAI hay una casa de prostitución con muchachitas; ahora pululan las bandas organizando vueltas bien horrorosas y si vamos a la avenida, eso usted ve el rebusque más áspero, se mezcla lo que les toque de vueltas para completar, porque por las buenas no se consigue sobrevivir; porque el reciclaje anda mal, ya no hay marranera cerca pa’ ir a trabajar o trilladoras o colchonerías tampoco, y el diciembre y el estreno se vino, entonces toca bailar con la canción que pongan…”


“Todo el mundo sabe que yo le daba trabajo a mucho muchacho en las marraneras que ahora está muerto o en la cárcel o en el vicio, ahora tengo este granero y escasamente ocupo la familia, nos ha tocado cogernos el culo con las dos manos para salir adelante; en este sector saben que somos gente trabajadora, pero tocó despedir quince muchachos que eran quince familias; eso, sí existen tres sobreviviendo son muchas, la mayoría son gentes desintegradas, malogradas, yo pienso en eso y me pongo a llorar…” silencio no más…”


“Vea papi, yo le vendo el juguito en esta esquina, pero hay días de fin de semana que toca irse a trasnochar a la Autopista; por allá por la Catorce, por el cementerio, a ver si se completa la remesa; los polochos a veces persiguen y una se ve sin saber qué hacer, pero a veces entienden y dejan hacer algo, hay días buenos y se puede hacer buen desayuno ja ja ja…”


Lo escuchado enuncia un impacto complicado del proceso de “restitución de predios en el Jarillón”: Hay desmonte de negocios que brindaban empleos, se han perdido puestos de trabajo, ni el rebusque logra atenuar el cierre de posibilidades que implican los desalojos y la depresión de esa gran franja de economía informal que no logra ser abordada con alternativas que involucren la población, que no la traten meramente como objeto de intervención. La opción más expedita que se presenta en medio de necesidades y urgencias es la oferta de ilegalidad que crece y se expande a muy diversas actividades y territorios; asunto que no se resuelve con más unidades policiales o militares...


¿Por qué pasa esto desde el punto de vista institucional?


“Papi aquí han sacado hasta los más más; mucho líder se ha dejado sacar; esto hiere verlo abandonado y solo. Yo no hablo mucho, pero no dejo que se me arrimen mucho y el día que me vengan a sacar me tienen es que demoler con la casa; yo no me dejo, porque lo que he visto con los vecinos y compañeros es que no cumplen…”


“Nos tocó hacer ejercicio y reunir al grupo todos los días en las calles y los andenes, mientras vemos como destruyen con máquinas lo que hicimos a punta de pala entre vecinos; imagínese, descobijar a un pobre para arropar a otros pobres. Miserables…”


  • ¿Tiene la Alcaldía de Santiago de Cali una memoria de la formación social de las franjas del Oriente que quiere intervenir?

  • ¿Hay algún momento en el cual la gestión del Municipio haya tenido una voluntad de concertar en serio con la población, reconociendo sus liderazgos y formas de comunicación y organización informales?

  • ¿La estrategia “social” que se ha venido implementando busca el reconocimiento humano y garantizar derechos de las poblaciones asentadas?

  • ¿Tienen los “gerentes” que agencian el Plan Jarillón, el alcalde y sus Secretarios involucrados, una comprensión de los alcances de sus decisiones e indecisiones?

  • ¿Sirve para algo la inversión en publicidad, en marketing social y en tácticas de acción rápida para resultados cortoplacistas?

  • ¿Conoce la Alcaldía de Santiago de Cali la tasa de desocupación histórica y la coyuntura actual en estos territorios?

  • ¿Cuántos proyectos de vivienda para reubicación de la población desalojada del Jarillón del Río Cauca se han concluido y entregado en el último período?

  • ¿Hay conciencia de la ampliación de la problemática social que se está impulsando en el Oriente caleño con los lugares comunes desde los cuales se está abordando esta “situación de riesgo geofísico y social”?

Un recorrido visitando viejos conocidos y lugares entrañables por la banda Oriente no alcanzan para responder ese tipo de preguntas, escasamente se alcanzan a intuir lo que está pasando en las oficinas públicas y en las agencias de “gerencia social”. Por lo visto se está forjando un desastre social con el argumento de prevenir un desastre físico. ¿Qué hacer? Todo lo que podría hacerse al respecto es invitar a que nos demos una vuelta desprevenida por el Jarillón y por sus territorios de conexión; que saludemos y preguntemos ¿qué está pasando?, quizás entonces podríamos comprender desde ese suelo arcilloso porqué tanto malestar…


De todas las preguntas parece pertinente reiterar algunas preguntas al alcalde de la ciudad Maurice Armitage: ¿Cuántos proyectos de vivienda están contratados con el fin de la reubicación?, ¿Cuál es el avance de esos proyectos?, ¿Cuántas casas se han entregado y cuántos va a entregar?, ¿Cuánta plata se ha gastado en arriendos para tener las comunidades desalojadas como nómadas?, ¿cuantos empleo ha generado el municipio para sustituir los empleos informales perdidos?, ¿Cuál es el balance sincero de su gestión en ese campo?