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En Cali, ¿Salvaremos a Pance?


Caminar por un territorio tejido por múltiples vertientes de agua es una de las experiencias más maravillosas y privilegiadas. Cali, al igual que muchas de las ciudades colombianas, puede describirse y narrarse a partir del patrimonio hídrico, si se tiene en cuenta que nuestro país está dentro de los 10 con mayor producción de agua en el mundo. A pesar de ello los habitantes urbanos y rurales estamos depredando la riqueza hídrica, en gran medida por las concepciones de desarrollo centradas en el crecimiento económico que dejan en segundo plano los ecosistemas naturales.


Para reconocer la situación podemos explorar lo que acontece en la subcuenca del río Pance. Éste río nace en los Farallones de Cali y tributa sus aguas al Jamundí, razón por la cual hace parte de la cuenca del río Jamundí. En su recorrido de 27.38 kilómetros transita por diferentes zonas con climas muy diversos como el páramo, la selva andina, la selva subandina, y el bosque húmedo.


Desafortunadamente, los procesos de planeación urbana, tanto en el caso de Cali como en el de otras ciudades colombianas, han estado de espaldas a los requerimientos para la conservación de la biodiversidad y la riqueza acuífera, y se han movido la mayoría de veces por criterios eminentemente mercantiles. En concreto, respecto a la cuenca del río Pance, para unos es un recurso eminentemente turístico, entonces se desvían cauces para ofertar servicios recreativos; para muchas empresas urbanizadoras es una fuente para suplir sus necesidades; otros vierten sus desechos de la actividad productiva y de la minería, sin evitar contaminar y depredar el bien común. En estas lógicas se interviene la cuenca sin ningún respeto por la dinámica natural.


A pesar de la existencia de un POMCH formulado en el año 2010 y de un Plan de Acción ambiental de la CVC diseñado en el 2016, estas entidades mantienen un nivel de articulación institucional bastante débil. En la práctica todas estas intervenciones se realizan sin que el DAGMA, la CVC o Parques Nacionales regulen y controlen los usos con un proceso de planeación de la cuenca que implique su preservación como un bien natural con derechos. Recientemente, en el mes de julio, la Contraloría detectó una serie de irregularidades relacionadas con la intervención de torrentes acuíferos del Pance para “adornar” edificaciones y para el abastecimiento de piscinas.


Este panorama nos hace preguntarnos si las autoridades competentes lograrán ponerse de acuerdo en función de velar por la preservación estratégica de este bien natural. También hay inquietud sobre la capacidad de caleñas y caleños para realizar una defensa de este río emblemático y generar una movilización que vuelva el asunto un debate público de ciudad, tal como lo han logrado en Bogotá en torno a la Reserva de la Van Der Hammen, o si simplemente lo desecaremos como a tantos otros; mejor dicho ¿seremos capaces de encaminar nuestro andar ciudadano e institucional de cara a una política de protección, conservación y control ambiental que ponga al centro la justicia hídrica y la sostenibilidad para preservar el río?.

Alfayma Sánchez


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