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Petronio Carajo


Ensamble es una palabra que sirve sobre todo para unir. Se ensamblan piezas para construir algo, dice la Real Academia que especialmente piezas de madera. La intención es que las piezas se acoplen perfectamente, que cada una haga parte de la otra. Ensamble es también el nombre de las y los músicos que se unieron para cantarle al Pacífico en la inauguración de este Petronio.


Su canto fue ante todo oración y plegaria por Buenaventura, por el Chocó, por la salud, la educación, el bienestar, por todas las gentes del pacífico: ¡Vamos pueblo carajo! ¡El pueblo está verraco carajo!, gritaban las marimbas, los cununos, los saxos, la tambora, los coros, las almas y los cuerpos de las gentes dignas, en ese que ya es un himno de las luchas negras. Ese canto también se hizo memoria y nos recordó que un mismo árbol nos arropa y una misma raíz nos alimenta, una misma ancestralidad, una misma historia de fuerza y vida que ha resistido a la inclemencia durante siglos. Las músicas cantaron también la esperanza y los sueños comunes, pues todavía la tierra sigue fértil, los ríos resisten y el mar sigue fuerte. El ensamble fue palabra plural, palabra enérgica, compromiso y promesa, seguiremos luchando, seguiremos riendo, seguiremos cantando, seguiremos bailando.


En medio de las críticas a la institucionalización del Petronio Álvarez, el prolongado ¡Pueblo resiste! que coreó este ensamble musical declaró que siempre habrá un pueblo. Y me corrijo, no fue una declaración, en este caso, como en el currulao, en el arrechón, en la toma seca, en la empanada de camarón, el pueblo no es algo que exista de lo que se pueda declarar. El pueblo se hace con sentimiento y emoción auténtica, con movimiento del cuerpo; se baila, se cocina, se come, se canta, se arrulla, se toca, se llora y se lleva en la esperanza.


Jennifer Rodríguez Henao.


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