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De verdades y mentiras


Circula por redes un mensaje con un discurso de Evo Morales a la “comunidad europea” (imagino que es a la Unión Europea) donde da cátedra de economía acerca de la verdadera deuda externa latinoamericana; discurso que tiene la potencia de la sencillez y la coherencia de la lógica latinoamericana que no es la lógica matemática ni mucho menos la lógica económica moderna y capitalista.


Sería grandioso que dicho discurso fuera de Evo Morales, pero si se hace una búsqueda mínimamente rigurosa, se encuentra que dicho discurso aparece también a nombre del “Cacique Guai- caipuro Cuautemoc” y data de 2002. Debo decir que tengo una copia de un documento apócrifo que llegó a mis manos por allá en 1998 en el cual se manifiesta que dicho discurso es a propósito de los 500 años del genocidio más grande de la humanidad, es decir, 1992 ¿Tres versiones y una verdad verdadera?


Algo similar sucede con un discurso de Cristóvam “Chico” Buar- que acerca de la internacionalización de la amazonía y la responsabilidad del Brasil con este territorio en respuesta a un senador de los Estados Unidos, con la diferencia de que a Buarque lo nombra como ministro de Educación o ministro de Cultura o Senador brasilero.


Al igual que con el discurso de Evo, el de Buarque tiene múltiples versiones y diferentes fechas de elaboración; incluso algunos han caído en la confusión de decir que se trata del cantante, escritor y poeta brasileño Chico Buarque, aquel de la canción “Oh qué será”


Podría seguir enumerando gran cantidad de documentos que circulan por las redes sociales y que tienen en común, cuando menos, la duda sobre la autoría y la fecha de aparición, pero interesa preguntarse más bien, ¿a qué obedece que dichos documentos se propaguen como llamarada en pasto seco?


Me atrevo a decir que dicho fenómeno hay que mirarlo fundamentalmente desde dos perspectivas, una primera ligada a una ligereza en la lectura; esto es, falta de rigurosidad y verificación de fuentes de los documentos que nos llegan; práctica que es catalogada como facilista, perezosa e irresponsable.


La segunda, en la cual está la invitación a explorar y conversar en este espacio de encuentro, está en la perspectiva de los intereses, emociones y filiaciones de las personas que replican este tipo de documentos; esto es, interesan los imaginarios sociales que le subyacen a este tipo de prácticas.


Pensar que quienes replican de manera afanosa este tipo de escritos, memes, videos y demás documentos virtuales se sienten identificados con sus contenidos es una aproximación diferente a aquella de la verdad o la mentira, sin desconocer que es necesario reafirmar el ejercicio de rigor y verificación de fuentes en toda publicación.


De algún modo, me atrevo a decir que en este tipo de prácticas, que incluso están cargadas de odios y desengaños, amores y esperanzas; se encuentra oculto el espíritu macondiano que Gabriel García Márquez esbozó en aquel magistral cuento “algo muy grave va a suceder en este pueblo”; esto es, deseos que se arrojan al viento y que, como bola de nieve en descolgada montaña abajo, van configurando “verdades de esquina, de barrio” y van construyendo entramados sociales que es necesario entender en su complejidad.


William Rodríguez Sánchez


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