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Entre olores y dolores una noche desgraciada y plácida como esta


Tengo la capacidad de remolinear en las noches, a eso me dedico con goce mientras veo cómo las luces se van apagando… por momentos rodeo aceleradamente el vacío y luego me deslizo lentamente… en ocasiones me detengo a jugar con cualquier mugre, hoja, bolsa, papel o tela que encuentro solitaria en la calle… en medio del juego les abrazo y bailo en un arrastre que sin previo aviso despega su vuelo… luego les dejó caer a su suerte y me voy a buscar un nuevo encuentro…


Esta noche, el destino me lleva a surcar una de las pocas puertas de la calle, me he percatado con anterioridad sobre la manera cómo se abre intermitentemente; tras la puerta permanece siempre un cuerpo fortalecido que limita el ingreso y produce una extensa fila que mendiga entrada… me causa curiosidad el destello de luz que se percibe desde afuera, mucho más el desespero de las humanidades que esperan.


Estoy adentro sintiendo lo luminosa y fría que puede llegar a ser… vuelvo a jugar como de costumbre por el limitado espacio que me contiene, disfruto la luz artificial que me trasluce y con determinación doy respiro a los cuerpos dolientes, organismos delgados o abultados, pequeños y grandes, raídos y tersos… cuerpos quejambrosos que experimentan torsiones de sufrimiento… lágrimas que se secan cuando acaricio la redondez del rostro… líquidos con densidad carmesí que hacen perder el juicio… cuerpos uniformados que caminan pálidos del tiempo, enmudecidos por el dolor ajeno… cuerpos que salen extendidos sin mí, cuerpos sin aire, sin viento…


Tiempos extendidos, lentos y en ocasiones raudos… ondas de sonido que esperanzan el llamado, tortuosos turnos, sillas caídas por el peso, cuerpos que deambulan de esquina a esquina con inconformes ademanes, tensiones en la puerta, gritos a la entrada, murmullos en las sillas, llantos de niños afiebrados, reclamos de una anciana por el costo, rechinar de ruedas sin aceite, golpes de tacón de una enfermera que se va de fiesta, llave del baño que gotea, corto en la lámpara que se quema, joven que expande de su boca un malparidos, gemidos, pujos, nauseas, vómitos y contracciones… esquizofrénicos sonidos, atiborradas sensaciones… ya deseo irme… esta angustia se contagia, esta enfermedad se pega… que abran la puerta con urgencia, reboto con fuerza por paredes y ventanas… no logro salir… quien abre y cierra la puerta abandonó su puesto, no está, nos ha dejado condenados a morir… raudo y acalorado le busco por la sala, en una esquina le encuentro, en sus manos guarda un recipiente rojo como queriendo ocultarlo… con destreza lo separa de su tapa blanca… el tiempo se detiene…


Todos los dolores miran extasiados el nuevo vuelo que se convertirá en mí compañía de madrugada… ella siempre sin premura y zigzagueante… se va pavoneando por las fosas nasales de los presentes… yo le espero, le reconozco de inmediato, le he visto de jugarreta en la parrilla de la esquina halando de la nariz a taxistas y travestis… le he visto fundiéndose conmigo… en una noche desgraciada y placida como esta.


Bencho



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