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Trayectos


I

Los jueves al medio día pasa un bus por la autopista lleno de estudiantes de enfermería. Van con sus uniformes puestos: azul celeste, verde claro, blanco; con sus manos grandes, fuertes y sabias; con miradas duras, cansadas por la madrugada y porque hoy ejercitaron su ciencia y su tradición. Se ve que saben, se nota que saben, se siente que saben. Van de regreso a casa donde las esperan sus hijos, la abuela y la madre, la olla y el poder de la candela. Sus amores y esas otras ellas que son cuando no están aquí, en la ciudad de paso a la que vienen a diario a darle la cara a la vida, a los sueños y a las esperanzas. Cuando el bus se detiene, estiran sus brazos, sus piernas, sus nalgas-caderas, sonríen y recuperan la dulzura. Hablan entre ellas, el viaje es largo, esta es sólo una parada del retorno a la tierra y al hogar: Guerreras.


A todas las mujeres de Puerto Tejada, Santander de Quilichao, Guachené y Miranda, Cauca, que vienen a diario a Cali a estudiar y trabajar .


II

Ya se ve el desierto. Hectáreas sin árbol, sin sombra, sin vida. Ya se ve la tierra reseca, muerta de sed, deshidratada. Ya el río apenas respira, boquea. No hay nidos, ni aves ni zorros ni guaguas ni lombrices, ni cucarrón ni nada. Ya se ve: asusta no ver más los verdes, asusta el color de la tierra. Nos vi errantes, errabundos buscando un refugio, algo de agua, algo fresco, el sol nos quema, nuestras pieles se rompen. Nos volvemos tierra seca, tierra muerta.


Visiones de la zafra vallecaucana un día cualquiera de agosto.


Jennifer Rodríguez Henao.



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