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¡Mientras haya vida!


Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción.

Samuel Johnson


Probablemente el mayor anhelo en las regiones por donde ha transitado la guerra es que no se derrame más sangre a raíz de la intolerancia política; bien dice el dicho popular: donde hay vida hay esperanza. Tratando de reconocer que el bien más preciado e innegociable es la vida. Este anhelo de tener tranquilidad porque está garantizada la supervivencia humana se ha visto ensombrecido en el Sur Pacífico en el posacuerdo, a causa de las amenazas y asesinatos a líderes sociales.


Los datos al respecto son contundentes, en lo que va corrido del 2017, cerca del 37% de los hechos de violencia del país se han presentado en los departamentos de Nariño, Cauca y Valle; esto es, de las 771 amenazas, atentados, desapariciones forzadas, heridas intencionales en persona protegida, homicidios y masacres ocurridas en el territorio nacional, 221 han acontecido en el sur occidente colombiano.


Al respecto, es necesario señalar con énfasis que los avances en la implementación de los mecanismos de protección y defensa de la vida pueden ser insuficientes, pues en este, como en ningún otro campo, se necesita de resultados palpables más que buenas razones sobre los avances del Estado.


El logro del posacuerdo no puede ser solamente que ya no mueren seres humanos en el campo de batalla, lo cual será siempre una buena noticia, pero la lucha contra el asesinato y amedrantamiento de líderes es una tarea urgente e inaplazable si se desea mostrar resultados efectivos.


Por supuesto esta no es una tarea solamente del gobierno, al cual indudablemente le ha faltado decisión para enfrentar el fenómeno, se requiere que el grueso de la sociedad se indigne por el asesinato de su vecina(o), amiga(o), conciudadano. Desnaturalizar la muerte es la primera acción necesaria para que se genere movilización ciudadana en torno al cuidado de la vida. Esta es una obligación moral de educadores, medios de comunicación y de la ciudadanía en general. La esperanza de una región en paz requiere de hombres de carne y hueso que recuerden que la vida ni se compra ni se vende, se defiende. Es menester viabilizar un frente común ciudadano que encuentre diversas formas de expresión pública para demostrar que no se puede transar con la muerte, ¡ante todo la vida! Debe ser la consigna que nos movilice.


Alfayma Sánchez Torres.


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