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Salir de la Hiper Realidad de la Paz


Es bueno reflexionar sobre ciertos asuntos de la vida colectiva de estos días.


Ciertamente hay unos acuerdos de paz en implementación respecto al proceso con las FARC, hoy partido político; ciertamente hay en curso un cese al fuego bilateral con el ELN. El país entre temores y esperanzas recibe silencioso y moderado estas dinámicas. También es verdad que hay oposición de sectores políticos a la implementación de los Acuerdos, básicamente quisieran que las condiciones pactadas fueran distintas, algunos de esos sectores ven en riesgo sus privilegios y sus secretos.


Entre las múltiples situaciones que se presentan resaltan los acontecimientos del Congreso de la República y de las Altas Cortes, hoy seriamente cuestionadas por las criminales prácticas de corrupción ampliamente conocidas. En el país de las elites se están enredando los compromisos que ha hecho el gobierno de turno a nombre del Estado y la sociedad para salir del conflicto armado, han enredado el proceso de la reforma política que busca generar más equidad y trasparencia en la formación de los poderes públicos, la justicia especial para la paz orientada a la concreción de verdad justicia y reparación, y las Circunscripciones Especiales de Paz que permitirían que territorios históricamente victimizados obtengan una representación institucional.


Todo esto está pasando con la complicidad de los grandes medios de comunicación que adelantan una posición de encubrimiento de las pilatunas de la clase política tradicional y hacen coro de los ataques a los acuerdos logrados en años de esfuerzo para recuperar la convivencia y enrutarnos a la reconciliación. Todo esto cubierto de una hiperrealidad mediática que genera adormecimiento colectivo frente a lo que está pasando.


Se está gestando el hecho de que la paz resulte siendo mandar para sus casas a unos cuantos miles de hombres y mujeres armados, o se silencien provisionalmente los fusiles de otros tantos; pero manteniendo el mismo régimen corrupto, mafioso, que captura el Estado para intereses mezquinos y victimiza a los sectores más humildes bajo la egida de negocios excluyentes.


Ante esa situación que busca sostener el orden de la guerra, mientras se habla de paz con minúscula, es necesario que la ciudadanía despierte y en el buen sentido se movilice buscando los verdaderos cambios; ya se vienen las elecciones y los mismos congresistas y gobernantes que hoy le hacen conejo a la paz vendrán a pedir el voto, comerciando con las necesidades sociales que son muchas. Será entonces el momento de la sociedad para castigar la mentira y el engaño. Ahora, mientras tanto es importante salir de la mediatización de la paz y asumirla en nuestras manos con verdaderos procesos de reconciliación, y rectificación social, es un asunto muy delicado para dejarlo en malas manos.


Equipo de trabajo Fundación Ciudad Abierta.



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