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Cali: ¿Para Quién?


Estoy seguro que no será la última, pero si la más reciente. Hablo de la polémica causada por la intención de la Alcaldía de Cali de derribar algunos árboles de muchos años de vida, para acomodar las tarimas que cobra la feria de Cali, desde las que se ven algunos de sus eventos. La directora del Dagma, Claudia Buitrago, salió a decir que “estábamos en la ciudad y no en el campo”, y que por tanto entraban en conflicto los derechos a un ambiente sano y a la cultura. Claro, por la presión ciudadana esta tentativa de arbori-cidio ha sido desechada.


Por los días del Petronio, el alcalde de Cali, Maurice Armitage, asoció los índices de violencia de la ciudad a que existiera en ella “un millón de negros”, es una “ciudad muy explosiva” dijo. Quiero también traer a cuento las palabras del Alto Consejero para la seguridad de Cali, Juan Pablo Paredes, poniendo en duda la inseguridad real y la percepción de inseguridad en la ciudad, mostrando como ejemplo, que a él y a miembros de su familia y amigos nunca los habían robado.


Puedo también agregar otros polémicos hechos: abrir una carretera acabando con el humedal el Cortijo para facilitar la llegada a una estación del MIO o ampliar una carretera tumbando árboles para que más carros lleguen a un Ecoparque o facilitar más y más licencias de construcción para viviendas estratos 6 en zonas cercanas a la cuenca del río Pance.


Traigo todo esto a colación porque no veo en ello hechos aislados, porque no son accidentes. No es que se venga de tumbo en tumbo, no es que los subalternos del Alcalde lo hagan quedar mal. Y por supuesto NO es que la gente joda mucho por los árboles, por los pajaritos, por los negros, por el río, por la hija del vecino que la robaron. NO. Son una manera de concebir lo público, que no ha sido solo de estos últimos años de Alcaldía sino que se extiende a la anterior administración. Una en la que la gente y sus percepciones, los animales, los árboles, el río, parecieran ser un problema y no el fin último de las acciones de unas políticas públicas.


Toda esta manera de concebir lo público hacen que uno le pregunte al Alcalde y a quienes aún lo ven como un gran filántropo: ¿La seguridad para quién? ¿La feria para quién? ¿El MIO para quién? ¿El río para quién? ¿El humedal para quién? ¿La ciudad para quién?


Si el derecho al bienestar, al buen vivir en la ciudad riñe con otros derechos no es porque así tenga que ser, sino porque hay una concepción de la vida, del ambiente, de la seguridad ciudadana, de la movilidad, del río; que no está armonizada con la mayoría de quienes habitamos y palpitamos la ciudad, o sea usted y yo: Nosotros.


Juan Carlos Quintero Alvarado.


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