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Escribamos una Nueva Historia


Por estos días he seguido en redes a muchos candidatos presidenciales en sus recorridos por las regiones, escucharlos hablar y ver las reacciones de los ciudadanos en plazas públicas me recuerda que la política es uno de los ejercicios más pasionales que realizan los seres humanos. Sin embargo esta condición no disculpa las prácticas de señalamiento y deseo de aniquilamiento al diferente, menos si la vía de ese aniquilamiento es de carácter violento, incluyendo la mentira la calumnia y la desinformación.


Este fin de semana uno de los videos virales con respecto a estas campañas lo protagonizaron los ciudadanos de la capital del Quindío visitados por el candidato de la FARC (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común) Rodrigo Londoño Echeverri quien recibió abucheos, insultos y quema de la bandera de esta fuerza política naciente. Actos que sin dejar de ser una expresión libre, y que nace de un sentimiento que se construye desde esa historia de odios y venganzas de una larga guerra que parece no tener salida, también son actos de violencia.


Y es que la guerra es el único discurso que conocemos varias generaciones de este país, que muchas veces no siento mío, pero a esta edad y siendo madre me resisto a seguir la saga de historias violentas para explicar un camino hacia la paz que no se concreta, me resisto a que mi hijo tenga en sus ojos la venda de la guerra y la seguridad, con las que se ocultan las realidades sobre la salud, la educación, la agricultura, las comunidades étnicas y el medioambiente.


Necesitamos contar historias diferentes, historias que nos rescaten del odio y los gestos de intolerancia, historias donde los conflictos puedan ser dirimidos sin apelar al recurso de la violencia, historias donde los valores espirituales se refunden en todas las conciencias para que las acciones de odio no sean confundidas con actos de dignidad.


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