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Venezolanos Hasta en la Sopa


Casi cada colombiano podría contar una anécdota de la presencia de venezolanos en nuestro país: que están vendiendo arepa venezolana, que en la peluquería hay una manicurista caraqueña, que está cantando barato en un bar para poder sobrevivir, que está de vendedor informal porque no hay más que hacer. Pero no sólo hay historias sobre su presencia en todas partes, también sobre tratos indignos: te contrato pero te pago menos porque estas de ilegal, voy a vender el apartamento y aunque haz cumplido a cabalidad el contrato si no enseñas el inmueble cuando yo te digo te denuncio, ¡recuerda que eres indocumentado!


Pareciera que el país entero sufriera de amnesia. Hasta hace relativamente poco, unos diez años, todos teníamos un familiar o amigo que se había ido para el vecino país a probar suerte o que veían en Venezuela la posibilidad de encontrar la paz y la tranquilidad que no tenían en Colombia, al punto que en el 2015 se estimaba que habían cerca de 5.6 millones de colombianos que disfrutaban de los servicios de salud, educación y vivienda de Venezuela, es decir lo trataban como venezolanos (El Espectador, 14 de mayo del 2015).


La política de cerrar la frontera, limitar el flujo comercial e impedir la movilidad no son propias de Colombia, las utilizó en otro momento Venezuela. Aunque es justo reconocer que el hermano país permitió que muchos colombianos vivieran en su tierra y se hicieran una vida disfrutando de la bonanza petrolera.

Es sabido que los ciudadanos de a pie no tenemos injerencia directa en las políticas fronterizas, sin embargo nos caben varias preguntas: ¿cuál es nuestra actitud con los venezolanos?, ¿estamos dispuestos a ser solidarios como muchos de ellos lo fueron?, ¿reconocemos que detrás de la presencia masiva de personas del país hermano hay un drama humanitario en el cual podemos ser agentes activos?


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