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Complot en Cali.


Dice el castizo que la palabra complot significa: acuerdo secreto para hacer algo, especialmente si es ilícito o perjudicial para otro. Así se perciben los recurrentes intentos por someter a escándalos al Arzobispo de Cali Darío de Jesús Monsalve Mejía, líder espiritual de la Iglesia Católica en la región.


Se le ha acusado de proteger a sacerdotes que han delinquido cometiendo pedofilia, de ser proclive a las insurgencias, de manejar mal los fondos de la Arquidiócesis, de introducir costumbres paisas en la cultura religiosa caleña y ahora se le endilga incurrir en el delito electoral de obligar a los sacerdotes de su jurisdicción a votar por el nuevo partido FARC.


Lo cierto es que todos esas acusaciones radicalizadas en los últimos dos años, cuando se observan en perspectiva, son elaboradas cogiendo el hilo de algún acontecimiento aislado que por grave que sea no involucra de manera directa al prelado, para tejer en torno él un manto de corrupción y radicalización que se orienta a vulnerar la credibilidad de su autoridad religiosa y social.

¿Por qué se da esta situación? Y ¿Por qué es de preocupación ciudadana más allá de los asuntos de la religiosidad?, porque Monseñor Monsalve en los 7 años que lleva en Cali ha trascendido sus oficios religiosos, más allá de las tareas sacramentales de esa Iglesia particular y ha entendido su compromiso católico como un servicio social y ciudadano que lo ha involucrado como mediador y garante frente a los conflictos sociales y políticos de nuestro medio, siempre actuando en favor de los vulnerados, de las víctimas y haciendo llamados éticos y sociales directos a los victimarios y a los sectores poderosos que recurrentemente actúan solo pensando en sus intereses particulares y en sus formas excluyentes de ver el mundo. En síntesis Monseñor Darío es símbolo de una ciudadanía democrática que busca Cali Sur Colombia caminos alternativos para la vida en la región y el país, por esas razones las ciudadanías le rodean más allá de cualquier personalismo.

Solo citemos como ejemplo algunos asuntos en los cuales el Arzobispo ha intervenido como voz ciudadana: frente a las crisis de la violencia y el homicidio en el área metropolitana, frente a la crisis del transporte público en Cali, frente a los problemas de hambre en los barrios populares, frente a la crisis de la salud pública y de los hospitales estatales del departamento, frente a la victimización y falta de oportunidades de los jóvenes urbanos, frente a la inequidad, la victimización, y en favor de la movilización social en Buenaventura, frente a las negociaciones con las insurgencias; siempre haciendo llamados a la paz y a la reconciliación.

Presentado de esa manera el asunto, vale la pena preguntarse ¿Cuáles son los sectores, los grupos y personas concretas que están detrás de este sintomático complot contra Monseñor Darío y en el fondo contra la posibilidad de que emerjan voces y ciudadanías alternativas?

Hay muchas pistas al respecto; por lo pronto lo que sí es significativo resaltar es que importantes sectores sociales, académicos y ciudadanos, rechazamos la persecución contra el religioso Darío de Jesús, y que lo hacemos porque él representa un ejemplo de liderazgo solidario y justo. En ese sentido, lo que podemos generar para protegerlo y proteger su sensibilidad social, es hacer que las prácticas de fraternidad, inclusión y justicia crezcan de forma incontenible en nuestros entornos, sin dejar que ciertos poderes nefastos mantengan el proyecto antidemocrático y violento que han implantado en la región y el país.




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